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Terminaremos en un horno hechos jabón

Terminaremos en un horno hechos jabón

El día de ayer estaba viendo de reojo la transmisión en CNN de las elecciones en EUA. A las 5pm se veían apretadas pero pensaba que era parte del conteo y la suma de los puntos que representan los estados en diferentes partes del país. Simplemente me tranquilicé y pensé que en algún momento Hillary rebasaría a Trump en una o dos horas máximo, lo cual ya sabemos que nunca sucedió.

Ya todos lo dijeron, Trump no es una persona capacitada para gobernar este país, y no tengo que ser ninguna experta en política ni en relaciones internacionales para saberlo, es cosa de sentido común. Pero mas allá del personaje que será el responsable de la nación más importante del mundo, lo loco que está y la violencia que emite en su discurso, viviendo aquí en Estados Unidos siento tristeza y miedo, pero principalmente de la gente que votó por el.

Es triste saber que en el “país de la libertad”  siendo hispano, afroamericano, judío, musulmán, LGBTTI o cualquier minoría a la que pertenezcas, camines por sus calles, te encuentres a la gente, te sonría, te diga “good morning” y pronto te des cuenta que dentro de ellos esa sonrisa no era real, no era genuina. Que aunque dijeran lo contrario había muchos “trumpistas” de closet que les daba pena admitirlo, pero que al final como decimos los mexicanos “sacaron el cobre”.

Es una pena pensar que lo que realmente ganó no es precisamente una persona, sino una ideología completa. Que la gente prefiera la ignorancia, el racismo, la misoginia, lo grotesco, la vulgaridad y el odio por encima de votar por una mujer. No se si de verdad haya sido una protesta hacia el sistema que tanto se ha dicho está corrompido y obsoleto, que en realidad la única alternativa sea alguien fuera de la política que venga con “nuevas ideas”. O es una cuestión de género que la gente sienta que  su país no está preparado para ser gobernado por una mujer. O tal vez sea la combinación de muchos factores.

Pero hoy al salir de mi depa y subirme al metro, curiosamente estaba rodeada de un grupo de personas de raza blanca, bien vestidos, con traje, callados y checando su celular (seguramente las noticias) . Tuve la sensación de estar en medio de una sociedad que no te quiere cerca, que aunque sea amable contigo por dentro piensa que eres un invasor y que grita que te largues.

Ayer al terminar la transmisión de las elecciones estábamos sentados en el lobby del edificio dos musulmanes, un chino, una pakistaní y tres mexicanos. Todos nos veíamos con una sonrisa nerviosa, con incertidumbre y hacíamos chistes de que tal vez terminaríamos en el mismo barco o en un horno hechos jabón. Al final teníamos que hacerlo ameno y reírnos un poco de la situación, pero cuando se fue mi amigo y me quedé sentada en la cama con mi novio, solo nos abrazamos y dijimos “pensemos positivo”.

 

 

 

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